EL CORAZÓN HABITADO (de Fernando Quiñones)
EL CORAZÓN HABITADO
Abrirme el corazón con un cuchillo,
echarte dentro y luego recoser
de nuevo el pecho mío y casa tuya
para que, siempre en él y nunca en otro,
lo habitaras como un pájaro blanco
hasta los días de la resurrección y el juicio.
Así, viva tú allí mientras yo viva,
morarías a mi muerte los tejidos
del corazón, ya en la cerrada sombra.
Sorprendente la cercanía, y rasgadora a la vez
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