20.9.07
Sus pinturas me fascinan
SUPONGO
Supongo que las puertas están para cruzarlas,
la pendiente para subirla,
los cajones para vaciarlos.
Que las personas erguidas están seguras,
que nadie siente dolor.
Supongo que nada ocurre sin que valga la pena;
Si vas
porque tienes que ir
si vuelves
porque dejaste algo
bello.
Supongo que al cruzarnos pensamos lo mejor,
que la risa es de felicidad,
que el viajante sólo viaja y,
que no hay bestias en el pensamiento.
Supongo que no corres para llegar antes,
y que tus ojos
ven
porque están abiertos.
TIZNAR
Tiznar, negro opaco, matar,
rojo opaco, la causa.
La puerta ya cerrada, atrás de ti.
Antes el grito, la advertencia, y sabiendo, el hacer
irremediable, la voz punzante, moralismo, y su piel
inmaculada imperturbable salvada violada salvada
moralista la puerta cerrada sin pomo atrás de ti
ya cambiado ya más canas y la herida
tirante en la espalda y la carne
rajando
rajada.
Rafael Casado
14.9.07
Imagina...
Imagínate un día con sol, gente muy feliz, un hermano se casa: Trajes de ocasión, un maquillaje bueno, un peinado especial, flores, concesiones especiales; comida abundante, bebida hasta no poder más; dices al suegro lo que nunca pudiste decir y te paseas del brazo del más insoportable de la familia; champang, licores y mucho más... mucho más.
Imagínate un día con lluvia, gente muy feliz, un hijo que ha nacido: sonries hasta a quien no conoces, invitas a los vecinos a una copa en el bar al que entras a por tabaco, hueles a colonia infantil y a caquitas primorosas y mucho más.
Imagínate que viene la enfermedad y que la soledad es la que acompaña.
Imagínate un día nublado, gente de circunstancia y un trago que no quieres engullir: tu madre se ha muerto; el cura en la iglesia; dolor, desesperación, recuerdo de anécdotas sin sentido que te hacen llorar, gente vestida de negro; la caja que llevas sobre tus espaldas; ojeras hasta la barbilla y aguante al menos durante dos horas de una película de terror, hasta que el cuerpo abandonado se encierra por siempre en la oscuridad.
Es igual la muerte del que renunció a vivir en vida, a la de los demás.
Imgina que de lo que hablo podría ser la vida... y no hay más.
3.9.07
He estado mirando el blog de Julio Pérez (para más señas mi hermanacho), y compruebo muchas sorpresas, algunas de esperar... como el hecho de que su hija empiece a despegar.
Los años pasan, y en ese pasar se ve la resolución de las cosas, los resultados esperados y los no esperados, así como se vislumbran tarde o temprano los deseos.
Yo no tengo mucho que mostrar de mi verano este año, entre otras cosas porque aún sigo abriendo cajas y ordenando cosas; pero nada te acerca tanto al abismo como dar un paso con retorno al pasado abriendo una caja, releyendo apuntes personales de hace años, o encontrando un objeto que te recuerde a algo, ocultado y abandonado entre otras cosas. Yo, la verdad, no necesito hacer puenting... porque lo tengo muy a mano.
El abandono es un castigo que puede convertirse en una sorpresa. Las sorpresas tienen muchos sabores, pero los más amargos son los que en un momento determinado de nuestras vidas deseamos hacer y no nos atrevimos; es algo así como ese ajo que no apartamos ( que comimos) y que se vuelve a repetir una y otra vez durante todo el día.
Eso de osar o no, es una constante en mi vida desde que crucé desacertadamente la carretera cercana a mi casa y un coche me dejó en un hospital, tendida sin sentido durante un día. Aún aveces cojeo...
Si se abandona al azar una cosa por años y años, no existe creyente alguno tan fiel, que pueda volver a retomarlo. Porque recordar es una cosa y actuar es otra.
Por eso en estos días de tanto recuerdo y memoria, me empiezo a plantear de nuevo muchas cosas de mis días: entre otras el hecho de seguir o no escribiendo aquí, a cambio de dedicar más tiempo a mi literatura y lanzarme a publicar...
Oí decir a Delibes que la profesión de escritor va unida a la de periodista y que el periodismo es la gimnasia del escritor. Por eso hay que escribir a diario... pero es cierto que el tiempo es limitado y que tenemos que agarrarlo por los cuernos, bien haciendo las cosas que siempre deseamos hacer o bien abandonándolas por siempre, porque la certeza es el irreversible paso del tiempo. Las oportunidades no utilizadas no vuelven a presentarse por segunda vez ni siquiera disfrazadas; nunca volveré a estar en esa carretera a esa edad, ni volveré a cruzar por ese motivo... Por eso hay que ser radical con las cosas de nuestros días... tan radical como el tiempo lo es con nosotros o quizá mucho más porque el tiempo solo erosiona.
Hacer o no lo que deseamos hacer, debe ser claro y tajante, de lo contrario forma parte de los sueños y no de las realidades.
